sábado, 3 de junio de 2023

Cien años de mister K

 


si quieren justicia, denuncien judicialmente al que dio las órdenes. Miren que está vivo y sigue dando órdenes”, dijo Guido Manini Ríos cuando Henry Kissinger cumplía 98 años el 27 de mayo de 2021.


Se refería sin duda al Secretario de Estado que, a través de cualquiera de sus subalternos, le obsequió a Gavazzo el encendedor que el torturador se jactaba de que era un regalo con la inscripción indeleble, “al Coronel José Gavazzo, la CIA”, el mismo Secretario que ordenó, por escrito, en documento hace una década desclasificado, de las notas tomadas en reunión con el director de la CIA, Richard Helms, el martes 15 de septiembre de 1970, “hacerle aullar de dolor la economía a Salvador Allende” y sigue haciendo aullar de dolor la economía de todo pueblo con gobierno digno, que no se quiebra en la tortura de las sanciones y bloqueos ni en el alfombrado de Washington. Y es verdad, Henry Kissinger físicamente sigue vivo. El sábado cumplió cien años y no le regalamos el cedulón del juicio por el Plan Cóndor ni recibió el encendedor con la inscripción de la CIA que seguramente ya le regalaron hace más de sesenta años.


La estrategia de Kissinger en Chile fue efectiva: continuar la guerra económica y psicológica antes de la solución final. El 21 de septiembre (de 1970), el embajador Edward Korry le envió a Kissinger un reporte oficial : “No permitiremos que ni una tuerca ni un tornillo llegue a Chile mientras Allende sea presidente. Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para condenar a Chile y a todos los chilenos a la mayor miseria que sea posible”. (ante cualquier coincidencia con la Venezuela bolivariana, quedan expuestos la solidaridad de Lula, el cinismo de Boric y la cancillería de éste puesta por la embajada).


Para facilitar el plan, Kissinger solicitó colaboración a su viejo amigo, David Rockefeller, director general del banco de la familia, el Chase Manhattan Bank (luego JPMorgan Chase), y uno de los principales bancos en Chile. Nixon cortó los créditos de aquel país, pero no las ayudas millonarias a la oposición. (…) El 6 de julio de 1971, Kissinger informó que la Casa Blanca le ha encomendado eliminar al nuevo gobierno de Bolivia, liderado por un militar con tendencias izquierdistas llamado Juan José Torres. Kissinger considera que la nueva Asamblea del Pueblo donde obreros, mineros, campesinos y universitarios participan por igual, es una de las mayores amenazas inspiradas por los soviéticos, por lo cual era necesario ayudar a la oposición con dinero y propaganda. La conclusión: “antes teníamos un líder a quien apoyar [general René Barrientos] y ahora tenemos un auto en marcha y estamos en la búsqueda del conductor”.


Casi al mismo tiempo, el secretario ejecutivo del Departamento de Estado Theodore Eliot comunicaba de forma confidencial que Washington estaba preocupado por la posibilidad de que (en Uruguay) el nuevo partido de izquierda, el Frente Amplio, pueda ganar la intendencia de Montevideo y no quería un nuevo Allende, “aunque sea en una alcaldía”. Echando recurso a una estrategia más indirecta que la usada en Chile, Washington intervino en el proceso electoral, como lo hizo a lo largo de las décadas anteriores, propagando información conveniente, plantando editoriales en “diarios prestigiosos” e infiltrando las fuerzas de represión locales. Aunque lejos de la violencia desatada por generaciones en las repúblicas tropicales, en Uruguay también se contaba con la excusa perfecta del combate a un grupo subversivo llamado Tupamaros, surgido años después de la intervención de la CIA en uno de los países más independientes y democráticos del continente. El memorándum a Henry Kissinger informaba sobre las buenas posibilidades de su candidato preferido, Juan María Bordaberry, aunque también advertía que en Uruguay “el fenómeno de los Tupamaros es básicamente una revolución de la clase media en contra de un sistema que no ofrece oportunidades de participación”. (Jorge Majfud, “Frontera salvaje”).


Para las cruciales elecciones de 1971, Washington y Brasilia ya se habían encargado de que el Frente Amplio obtenga una mala votación y que el Partido Blanco (el partido de Nardone, ayudado por la CIA una década atrás, pero ahora posicionado unos pasos hacia la izquierda con su candidato Wilson Ferreira Aldunate) pierda las elecciones. Luego de meses de recuento y de denuncias de fraude, el candidato del Partido Colorado, ahora en manos de la derecha militarista, resultará vencedor. Juan María Bordaberry obtendrá unos pocos miles de votos más que Wilson Ferreira y se encargará de entregar el país a la dictadura militar dos meses antes del golpe en Chile. Este mismo año, en la Casa Blanca, Richard Nixon, Henry Kissinger, Vernon Walters y otros funcionarios de Washington le agradecen personalmente al dictador brasileño Emílio Garrastazu Médici por su intervención en las elecciones en Uruguay, por su liderazgo en la represión de los movimientos sociales de América Latina y por el bloqueo de Cuba como miembro de la OEA” (Ibidem).


A mí me gustaría agradecer ahora a la banca Rockeffeller el financiamiento a través de George Soros y la Open Socciaty para juzgar lo financiado por ella misma a través de Kissinger y de la Escuela de las Américas y sus instrucores en tortura, siempre y cuando se excluya a éstos de la condena, pero, miro las fotos de los nuestros en mi cartelera de escritorio y no puedo. Sería burlarles la causa, rebajarla. Está escrito que no los mataron por decir, “quiero un mundo mejor”. Eso se lo garpan a cualquiera. Los mataron por gritar “¡yanquis go home!” Esa no se la bancaron ni al Topo Gigio cuando trajo a Silvio Rodríguez por primera vez a la televisión argentina.


Kissinger sabe, mejor que nadie, que la vida le obligó a conocer el total descalabro de su obra. Su teoría del G2, hoy Chinorrusia o Rusochina, no tiene marcha atrás. Ve, aún con lentes oscuros y ojos gastados, mejor que nadie, que el Estado que él lideró con mano de hierro en sus profundidades, se está empatanando en Ucrania. El 5 de marzo de 2022, ya aconsejó, ordenó, negociar y entregar los territorios rusos de Ucrania, pero el capital es mister Hyde y no hay doctor Sheckyll ex secretario de Estado que lo detenga en su pulsión destructiva, así cumpla cien años o los doscientos años de la doctrina Monroe (1823-2023). De hecho, el imperio hegemónico impuesto en 1944, no va a alcanzar a cumplir los 100 años que mister K ha cumplido. El imperio más fugaz de la historia.


Si le regalamos el cedulón por el plan Cóndor le va a provocar nostalgia de sus buenos tiempos. Mejor otro gobierno del Frente Amplio para el año que viene y éste sin “unidad de las Américas” (sin esa consigna de Orsi). Sería nuestra forma de condenarle doscientos años de impunidad.




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