viernes, 17 de marzo de 2023

Reflexiones sobre don y doña Fuentes

 


En un artículo de 1982, publicado en libro por Galaxia Gutemberg en 2013, Juan Carlos Onetti escribió: «Cada vez que no se sabe nada de nada, mi viejo y querido amigo Fuentes aparece y opina con frases rotundas y al parecer definitivas. Hoy quiero reiterarle mi cariño a Don Fuentes y dar a conocer su nombre verdadero y completo… se llama Fuentes Habitualmente Bien Informadas… como no tiene la conciencia muy limpia, tampoco tiene reparos en usar nombres falsos: Fuentes Solventes, Fuentes Creíbles, Fuentes Que Quieren Permanecer Anónimas, Fuentes Fidedignas, Fuentes Confiables»


¿A cuáles de estos nombres falsos correspondería el caso Fossati, al que periodistas del stablisment dan el nombre de Fuentes No Protegidas por el periodista Carlos Peláez? ¿A Fuentes Que Quieren Permanecer Anónimas? ¿A Fuentes De Fiscalía?


Indudablemente no, porque en ningún momento permaneció ni quiso nadie que Fossati permaneciese anónima. Si ella lo hubiese querido, no hubiese denunciado penalmente al periodista que dijo que ella (no una fuente que le dijo que ella dijo), ella misma con nombre y apellido, había dicho lo que dijo que haría, que luego los hechos demostraron que hizo, porque al denunciar al periodista lo llevó a probar sus dichos. Algo nunca visto, la supuesta “fuente” era la mismísima fiscal denunciante del periodista. Para decirlo en términos juridiscistas y deontológicos periodísticos, un caso escopeta.


Otro reparo que los del stablishment hacen a los periodistas denunciantes del caso Lacalle-Astesiano es que no serían periodistas sino “operadores”.


¿Usted es artista o puto?, dicen Fuentes Kremlinólogas que fue el comentario de Jruchev ante el autor de la primera exposición de pintura abstracta soviética desde que Kandinsky marchó al exilio y Malévich fue censurado en la URSS. El tono que utilizó Jruchev es el mismo con que ahora presuntos periodistas no operadores salen a “descalificar” a los denunciantes: “¿Usted es periodista u operador?”. En ese tono, periodista vendría a ser artista o ángel de la honestidad intelectual impoluta. Operador vendría a ser puto o demonio de la perversión político partidaria.


Dejando de lado que se puede ser artista puto, puto artista, periodista operador, operador periodista, artista, puto, periodista, operador o nada de eso, sin que ninguna de estas opciones me parezca en sí misma demoníaca ni angelical, ni buena ni mala en sí misma, ni perversa ni impoluta, voy a cotejar distintas maneras de serlo.


Bertold Brecht, ante el advenimiento de la Alemania nazi, operó un arte distanciado, para que el alemán de esa época, se viera a sí mismo con mayor lucidez. En otro contexto, en la Francia invadida por los nazis, Jean Louis Barrault operaba un arte catártico nacionalista francés. Porque los contextos de Brecht y de Barrault eran opuestos, ambas operaciones se complementaban. Pero la “crítica” tendía a considerar “artístico” e “impoluto” al teatro que “no operaba políticamente”, al teatro de Mefisto.


Sin embargo todos somos operadores políticos en la sociedad, a menos que no integremos la polis, no seamos ciudadanos, vivamos en una ermita o profesemos de anacoretas. Por eso Mefisto terminó, por omisión, en el tribunal de Nüremberg, donde dijo su célebre: “yo sólo soy un actor”.


¡Cúántos de estos aquí podrían decir, “yo sólo soy un periodista”!.


No por operadores, quienes comunicamos periódicamente dejamos de ser periodistas. Y en ciertas ocasiones, cuando dejamos de comunicar periódicamente también. Por ejemplo, en algunas de esas ocasiones yo hacia periodismo a planograf. Pasaba tardes enteras picando matrices e imprimiéndolas en un plano de tinta con dos soportes de madera que se interceptaban. Operábamos política partidariamente contra la dictadura con las imprentas que podíamos. Era periodismo porque lo hacíamos periódicamente, pero más periodismo era, paradójicamente, cuando no salía periódicamente, porque eso transmitía la data de que había caído una dirección, un sector. un local de una imprenta...


Ese halo de periodismo de “Buena Fuente” que opera desde fundaciones europeas, controlando cónclaves académicos, no me queda tan lejos. Es el que definen los dueños de los medios hegemónicos, los que definen además la alta rotación de las “noticias”, al que hoy resistimos desde redes “a planograf”.


La agenda de la corrupción, por ejemplo, tiene tres objetivos generales. Instalar el “todos son iguales”, hacer pasar por gajes del sistema la esencia del sistema mismo y el recurso del boomerang.


Todos los otros “casos Odebrecht” fueron residuales del que usaron para “O mecanismo”, de Netflix, en el momento indicado de intentar voltear para siempre al PT del espectro político brasileño.


El caso Epstein (otro ejemplo) fue para encubrir a sus clientes, sus suicidadores, tal vez los mismos que produjeron la serial televisiva sobre el caso. ¿Dónde está la cartera de clientes, más allá de Trump, el Clinton ya lewinskyniado y el abogado que se puede defender? Hicieron pasar a Epstein por el degenerado del sistema, cuando el sistema captó a Epstein para que a su vez captara adolescentes para consumo de los poderosos esenciales del sistema.


Cada detalle de corruptela del capitalismo, comentado en su mínima anécdota, es una abstracción que encubre la verdad concreta de que la corrupción es el capitalismo en sí, en su actual fase concretamente.


El caso Lacalle-Astesiano, van a querer dejarlo en “Astesiano” o en menos, en “caso Fossati” y, si les da el poder blando, en “caso Leal” o hasta en “caso Pereira”.


Por eso se necesita línea propia, agenda propia, donde siempre estar resumiendo los programas de gobierno y la verdadera política, la internacional.


El día que se viralizó el caso Moreira, tuve la satisfacción de que un muy joven dirigente socialista coincidió conmigo. “Esto lo revierten”, me enteré que dijo.


No se trata de no contestar tal o cual cosa. Al contrario: se trata de contestarlas únicamente a todas juntas.


Si el periodista tuviera el poder de investigar, los servicios de información e inteligencia estarían para difundir. Es muy gracioso cuando, por “ética”, colegas españoles le exigen a Seymour Hersh que contraste con otras dos, su “Fuente Única” sobre el atentado terrorista a los Nord Stream. Si la fuente de Hersh se deduce lógicamente que es de la CIA, ¿con qué otras la va a chequear? ¿Con el FSB? ¿Con el MI6? Pero si Hersh tuviera de verdad esas tres Fuentes De Inteligencia, no sería periodista. Sería el dueño del mundo. Y no necesitaría la “ética periodística” de ir a Suecia a preguntarle a doña Ingrid y a don Olof (dos Fuentes Habitualmente Bien Informadas) si aquel día no vieron por ahí a un tipo en patas de rana.


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