Estados
Unidos está retirando baterías antiaéreas de Corea para
trasladarlas a Asia Occidental. Fuentes muy diversas confirmaron esos
movimientos desde el martes 10:
Radio Francia Internacional, con variadas especulaciones, Forbes más
taxativa, El Chapucero Today de México, donde el periodista Mau
Rodríguez hizo el mayor despliegue de información al respecto y,
por supuesto el Global Times, el diario oficioso del Partido
Comunista de China agendó el tema el miércoles 11.
Pero
la confirmación surgió esa mism semana
de boca del propio presidente surcoreano, Lee
Jae-myung, quien declaró: “Hemos expresado nuestra oposición al
traslado de baterías Patriot hacia Asia Occidental, pero hay que
reflexionar una cosa: ¿supone esto un obstáculo serio para nuestra
estrategia de disuasión frente a Corea del Norte? A esta pregunta,
puedo responder que no es en absoluto el caso”. Es decir, que
expresó su oposición al posible traslado del sistema antimisiles
THAAD de Estados Unidos (el único en la región, del que todavía no
había confirmado eltraslado, mientrass los ocho Patriot que había
en Corea sí) hacia el golfo Pérsico ante el conflicto con Irán,
pero a renglón seguido aceptó que este se hiciese. En menos
palabras, “No, pero sí”. Y la remató sobre el fin de semana:
“Corea puede defenderse sola”.
Estados
Unidos militarmente entró a Asia para quedarse un rato (unos ochenta
años) por Asia Pacífico. Primero las bombas atómicas sobre
Hiroshima pero enseguida sobre Nagasaki, ya liquidada la guerra, para
medir el próximo experimento de Los Álamos contra la URSS. Después
la guerra de Corea. En Corea, Los yanquis deonaron en Corea en tres
años más bombas que todas las detonadas en los seis años de la
“Segunda Guerra Mundial”. Luego en Vietman batieron su propio
record y en Iraq durante la invasión de 2003 más que en Alemanai
durante la SGM. Ahora parecen decididos a volver a batir el record,
pero el resultado en Irán los está expulsando por donde entraron,
porque financieramente, llegaron a dominar Asia y el mundo a través
del Petrodólar, convenido en Asia Occidental, en Arabia Saudí, una
vez que Nixon, en 1971, desacopló el dólar al oro. Desde Riad
controlaron financieramente el mundo. El respaldo de la divisa de
reserva era el petróleo. El lunes 16 Irán dejó para por el
estrecho de Ormuz al primer tanquero ni chino ni iraní desde
principios de marzo, Venía de Abu Dabi, Emiratos Árabes y llevaba
combustible a Pakistán. Había cumplido con el requisito de la
Guardia Revolucionaria Islámica, había pago a la petrolera y a la
naviera en yuanes chinos, en el flamante Petroyuan.
Veamos
en concreto: La cuestión de una posible reunificación de Corea es
especialmente compleja para el presidene Lee. Porque bajo la
administración del anterior presidente Yoon Suk-yeol, se buscó
restaurar el acuerdo militar de 2018 con la República Popular
Democrática de Corea, que proponía disminuir la tensión fronteriza
y sentar bases para una coexistencia pacífica, porque lo único que
rige entre ambos Estados es un armisticio firmado en 1953.
Pero
reactivar el acuerdo militar de 2008 en estas condiciones de
indefensión para Seúl, significa fortalecer las posibilidades de
los liderados por Kim Jong-un en las conversaciones de reunificación,
que Kim pretende sine qua non, basándose en los antecedentes de Hong
Kong y Macao, de China, denominados “Un país, dos sistemas”. Se
sabe que fueron antecedentes de ganar-ganar para ambas partes, pero
creció más rápido la China continental que la insular, porque el
socialismo sin iterferencias, demuestra fácilmente su superioridad.
Está
claro que Estados Unidos necesita con urgencia reemplazar las
baterías antiaéreas Patriot que Irán destruyó en su respuesta a
la agresión imperialista del 28
de febrero en varios países del golfo Pérsico,
en especial los radares que protegían a las petromonarquías y a
Israel, pero también está claro que el modelo yanqui de más de
ochocientas bases por el mundo es económicamente inviable, más en
tiempos de drones baratos, alcances misilíticos de miles de
kilómetros y disuasión transfronteriza, cuando la guerra va toda a
la economía. Sin embargo, el problema no es solo militar y
económico. Corea hizo su revolución antes que China, en 1948,
liderada por Kim Il-sung (Sí, ya sé, Hollywood y Netflix tampoco te
lo contaron), y sus capacidades y prestigio verdaderos están a años
luz del imaginario despectivo que matrizaron los imperialistas en
Occidente durante 78 años.
Mi persona
también se nutrió de ese imaginario, incluso pasando de la prensa
clandestina a los primeros emprendimientos legales tras derrotar a la
dictadura. Una tarde, yo colaboraba con Rafael Cribari, jefe de
Internacionales y me envió, creo que a propuesta de Dari Mendiondo,
a contactar al más famoso, importante y bien pago cronista de boxeo
del mundo. Cobraba en miles de dólares sus contratapas y centrales
en la revista The Ring y en otros medios prestigiosos del boxeo de
Estados Unidos. Era jurado del Consejo Mundial de Boxeo; había
recorrido en tal rol gran parte del mundo y en Uruguay era la firma
más importante que tenía el diario El Día en deportes. Yo no sabía
que era camarada. Me enteré cuando tuve que contactarlo.
Me
fue fácil. Su escritorio en el primer piso del diario fundado por
Batlle y Ordóñez era lindero al de Alicia Migdal, con quien tenía
yo cierta amistad. Mi tarea
consistía en ir a visitar a Alicia, charlar un rato y luego
retirarme sin llamar la atención, no sin antes recoger un sobre que
José Laurino había dejado en una esquina de su escritorio. Así
empezaron a publicarse en El Popular y en La Hora los artículos
magistrales sobre boxeo de Nazario Álvarez, seudónimo furtivo de
José Laurino, en homenaje a un fallecido obrero del transporte,
militante del Partido Comunista y exboxeador de cierto
reconocimiento. El propio Laurino había sido boxeador, discípulo
del gran Juan Carlos Casalá, boxeador cubano que residió y dio
cátedra en Montevideo en tiempos previos a la Revolución cubana,
uno de los mejores boxeadores de todas las épocas.
Con
el tiempo, la relación conspirativa se hizo amistad y pasó de una
esquina de su escritorio al bar Mincho, donde compartíamos algunas
copas y largas charlas. Un día entro al Mincho, donde él estaba
sentado en a su mesa, sobre la que había una revista satinada, muy
lujos,a con una cubierta de nailon. La abrió. Estaba en inglés,
pero el título ya remitía a la República Popular Democrática de
Corea. Era una revista del Partido del Trabajo enviada a sus
suscriptores en el mundo. Laurino la señaló y dijo: «Partido
Comunista es este». Me resultó tan sorprendente que despreciara, en
comparación con el de Corea, a todos los otros partidos comunistas,
incluido el suyo, que preferí hablarle de boxeo, tema del que yo
podía sólo escuchar.
Después
desapareció el PCUS y varios otros partidos comunistas, pero el del
Trabajo de Corea siguió dándome sorpresas. Un destacadísimo
colega, Roger Rodríguez, participó de un encuentro de profesionales
en Pionyang, donde varios de los concurrentes eran futboleros de
diversos países.Se propusieron hacer un picadito entre y le
solicitaron a un funcionario coreano hacerlo en la cancha del campus
donde se alojaban. Les respondió que debía consultar. A vuelta de
consulta, les dijo que en esa no, pero los llevarían a otra cancha.
Si no recuerdo mal el informe de Roger, el colega con quien compartía
habitación no era tan futbolero y se excusó de ir. Los vestuarios
del estadio a donde los llevaron, tenían en cada casillero un equipo
completo para cada jugador. Cuando saltaron al campo de juego fueron
ovacionados. Las tribunas estaban repletas de público. De vuelta en
el Campus, Roger fue a contarle al compañero “¡no sabés lo que
nos pasó!”. “Claro que sé. Vi el partido por televisión”.
Hace
cinco o seis años, el periodista Jey Mammón entrevistó al
cantautor argentino Ignacio Copani, quien le contó que, junto al
rosarino Juan Carlos Baglietto, les tocó actuar en Pionyang ante un
estadio lleno, en un festival colectivo de más de 10 músicos. Antes
de subir al escenario, le preguntaron a un coreano con qué frase
podían empatizar con el público al presentarse, y este les sugirió
un pequeño estribillo en coreano que ambos argentinos cantaron antes
de interpretar sus canciones. El público empezó a corear más de
medio minuto la consigna, mientras Copani y Baglietto se aseguraban
el premio del público en el festival. La consigna decía: “No
rompan las bolas / Corea es una sola”.
Un
amigo lo vio hace tres días: “Anoche, "casualmente", el
'canal uruguayo ' pasó la película Ataque a la Casa Blanca, dónde
unos terroristas coreanos del norte hacen pelota al emblemático
edificio presidencial. Es tanta la violencia de los malos, que
cualquier televidente tomará partido por los pobres personajes, los
altos mandos, con el presidente tomado como rehén. Final previsible,
el muchachito que logra liberar al presidente y a su pequeño
hijo...”. Actúa, por supuesto, Morgan Freeman. No hay problema.
Más le creyeron a John Wayne y ya la semana pasada el New York Times
tituló: "Trump no tiene idea como terminar la guerra con Irán".
¡Con tanto guionista de cine…!