Fue encargado de un depósito de prensa clandestina del Partido Socialista ilegalizado y cayó preso junto a Carlos Machado, entonces secretario general del Partido Socialista. Fueron recluidos en el 9º de Caballería, donde el más torturado de los dos fue Machado, y fueron expulsados del país. Se exiliaron en Argentina, donde Trotta fue director del teatro estatal de Misiones en Posadas, y en un festival nacional en el Teatro San Martín, entonces dirigido por Víctor Laplace, la puesta en escena de Trotta de Las preciosas ridículas de Molière le valió un premio y la transformación de la sala 1 del San Martín en sala circular.
Después, otro golpe de Estado y otro exilio: Nueva York. Trabajó en la ONU y fue asistente de dirección y traductor de David Hammond. Cuando pudo volver a Uruguay, Trotta tenía por un lado la decisión de vivir en su país, en la Ciudad Vieja de Montevideo y en una casa en Cuchilla Alta, pero por otro lado de volver a dirigir el Teatro de Misiones que, "le tiraba", porque en gran medida lo había forjado él; y viajó entre Misiones y Uruguay muchas veces, mucho tiempo.
De todos modos, aquí dirigió El lado de Guermantes de Ricardo Prieto en espacio no convencional, su casa de Pérez Castellano, y dos obras de Antonio Moreira, Pocas Palabras y la segunda de las cuales, Desdibujando a Marisa,lo primero que vi de Trotta.
"¡Qué rigor!", alcancé a decirle tras esperar su salida de camarines para conocerlo y felicitarlo. Después tuve el placer de compartir ese rigor en dos trabajos, Amor de don Perlimplín con Belisa en su Jardín, de García Lorca, que había montado en Posadas y la que estrenamos el 17 de mayo en espacio La Huella, José y Federico . Este domingo tuvimos función de José y Federico. Otra sala llena con intenso aplauso de todos de pie y una presencia muy especial, Catherina Pascale. Julín estaba muy contento el lunes de noche cuando se despidió de su compañero, Antonio, que iba a cantar en Fidelio en el Sodre. Al volver, Antonio lo encontró muerto, sentado en la silla frente al televisor encendido, con la estufa encendida.
Tenía 80 años y hasta el último día (yo lo vi, reí, cantéy me emocioné con él el día anterior), parecía físicamente un pibe, casi un adolescente.
Murió igual que Charlie Parker, digo yo, sin enterarse. Y digo también que tampoco se enteró la muerte. El réquiem preferido de Julio Trotta es el de Brahms. “Mejor que éste, sólo el silencio”. Por supuesto que no le voy a faltar a ninguna función. Él y nuestra escuela no me lo perdonarían. Pero no va a ser fácil estar y volver al camarín con él en silencio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario