viernes, 10 de abril de 2026

EEUU perdió la capacidad de amenaza ante el mundo

 


La única justificación efectiva del poder despótico es el poder mismo. «La mato porque puedo, porque soy más fuerte, porque es mía». Si el poderoso quiere regodearse en su justificación, puede agregar: «La mato porque me sirvió un mate frío. Destruyo Irak porque tiene armas de destrucción masiva que luego no le voy a encontrar, ni siquiera a plantar una vez que lo ocupe. Y mato a dos millones de iraquíes porque me equivoqué». Esa es una efectiva justificación del poder despótico, porque encierra una amenaza contra el mundo; contra cualquiera que en el mundo sea menos fuerte que Estados Unidos.

Después los pueblos resisten. Resistió Corea, resistió China, rresistió Vietnam, resistió Cuba, resistió Nicaragua, resistió Afganistán, resistió Libia, resiste Venezuela, el propio Irak resistió... Pero siempre Estados Unidos se retiró habiendo causado más daño material y económico que el que recibió. La amenaza de Estados Unidos de causar más daño con sanciones, invasiones y bombardeos siempre ha estado en pie ante cualquier país del mundo al que se le antoje amenazar. Incluso en la guerra que perdió en Ucrania, donde dio un golpe de Estado y estuvo ocho años machacando los territorios rusos que Kruschev entregó para contrarrestar en parte a los polacos, húngaros y rumanos que había entregado Stalin, quebrantando principios antiimperialistas y agregando problemas a la URSS.

Quien salió económicamente más dañado del Maidán prolongado, fue Europa; militarmente fue Ucrania. Pero entre Rusia, que tuvo que batirse en su territorio, y Estados Unidos, que siguió siendo intocable en el suyo, el más dañado fue Rusia, aunque militar y a la postre también económicamente salió ganando. Pero en esta guerra directa de Estados Unidos e Israel contra Irán, el más dañado fue Estados Unidos y ninguna de sus amenazas se cumplió. Diecisiete de sus bases militares fueron destruidas o dañadas; dos de sus portaaviones lo fueron. Su ciudad de turismo e inversiones financieras ideal, Dubái, desapareció en tanto tal. Sus aliados en la región resultaron más dañados que Irán, empezando por Israel con la demolición del mito del domo de hierro. Se aceleró la pérdida del Petrodólar y la ganancia del Petroyuán. China y Rusia ganaron sin participar directamente. Y finalmente, pero no menos importante, cada vez que Donald Trump anunció un apocalipsis, tuvo que suspenderlo.

Primero a los dos días, después a los cinco días siguientes, después a la semana siguiente, después 24 horas después, después 48 horas después... y ahora, dos semanas después.

Por el contrario, cada vez que Irán respondió, lo hizo con los hechos que sus palabras predecían en Promesa Verdadera 1, 2, 3 y ahora en Promesa Verdadera 4. Lo hizo, además, de manera proporcionada y consiguió de esta forma controlar la intensificación de la escalada, la intensificación del conflicto en general y dejar a Estados Unidos sin capacidad de amenaza ante el mundo.

Cuando Donald Trump amenazó hace tres días con “devolver a Irán a la Edad de Piedra”, obviamente estaba confesando la decisión de un crimen de guerra de lesa humanidad, pero todos entendimos que sólo podía lograrlo con un ataque termonuclear. Sin embargo, tenía el objetivo de tratar de recuperar el control de la amenaza. Pero volvió a recular, esta vez de forma más decisiva, porque Irán solo aceptó dos semanas de tregua en caso de que EEUU considerara viables los diez puntos de mediación que Irán imponía; diez puntos absolutamente inaceptables hasta entonces por la potencia mayor.Por supuesto que la guerra no terminó, que no se puede creer en pactos con USA, que Israel sigue en su estrategia de “espacio vital”, hitleriana, atacando al Líbano y oprimiendo los territorios palestinos ocupados por ejército y colonos israelíes (ahora con ley de asesinato de presos palestinos), pero Trump sigue perdiendo verosimilitud mientras la guerra sigue su curso, porque aunque nadie pueda creer de ninguna manera en pactos de EEUU y muchísimo menos en pactos de Israel, que jamás cumplió un pacto, el curso de esta guerra de desgaste es favorable a Irán.

Muchísimos motivos específicos y particulares así lo indican. Desde los geográficos hasta la actual correlación de fuerzas geoestratégicas. Irán tiene la profundidad estratégica territorial de toda Rusia más toda China. Estados Unidos sigue en cierto litigio con Europa por Groenlandia, que sería su posibilidad de cierta profundidad estratégica territorial que obligase a considerarlo del modo en que se consideró a Alemania luego de perder la Primera Guerra Mundial, cuando se la rearmó contra la Unión Soviética, pero más aún luego de perder la Segunda, cuando se le otorgó un Plan Marshall que hoy no está al alcance de ningún factor de poder ni Estado gendarme imperialista.

Esta derrota de Estados Unidos es cualitativamente distinta a la que sufrió en Vietnam, en Afganistán, incluso en Irak, ahora que el país mayoritariamente chiíta se unió a Irán contra los agresores estadounidenses e israelíes. Es una derrota que el mundo está viendo no solo en su carácter de resultado final, sino en cuanto a la capacidad de hacer más daño y, por lo tanto, de amenazar con sanciones, invasiones, agresiones, intensificaciones de conflictos y guerras apocalípticas.

Hace diez días, Trump afirmaba haber sido electo ayatolá de Irán. Había rechazado ese cargo, pero insistía en requerir su decisiva participación en la elección del próximo ayatolá. Del mismo modo, se autoproclamó gobernador de Venezuela, se autoproclamó futuro administrador de Cuba, único tribuno de no se sabe qué cosa de qué paz, superintendente del Estrecho de Ormuz y poco menos que rey del universo. Ahora sabemos, gracias a Irán, que de Trump para abajo cualquiera puede insultar en la red social Truth, puede amenazar con enviar a cualquier país a la Edad de Piedra, puede amenazar con destruir todo el sistema energético de un país, puede autoproclamarse ayatolá, rey, zar o gobernador y presidente de cualquier otro país, pero ninguno puede ser Donald Trump. Donald Trump es Donald Trump porque es el único que puede decir todo eso y otra cantidad de aberraciones por el estilo, sin cumplir absolutamente ninguna de sus amenazas. Y no porque no quiera, sino porque no tiene la capacidad de hacerlo.

El rey está desnudo, igual que el rey del cuento. Y antes de que lo olvide personalmente, el mundo no va a mirar para otro lado. Y cuando lo olvide, seguirá mirando a Estados Unidos, el poder despótico imperialista más criminal de estos siglos, sabiendo que no tiene ya capacidad de amenaza. Que su capacidad de amenaza se reduce a Nigeria, si es que puede. Y a Odonne, el hipersensiblemente cauteloso en sus consejos.