miércoles, 4 de marzo de 2026
El gobierno de los comunicados sensibles
Tal cual era de esperar, el gobierno uruguayo del Frente Amplio, ha vuelto a tomar partido por los “ataques preventivos” de Estados Unidos e Israel, a quienes ni siquiera menciona en el comunicado de cancillería del 2 de marzo, en que pone de agresora a “la respuesta militar iraní”. Es coherente: para el gobierno uruguayo ni Maduro fue secuestrado ni Jamenei martirizado. ¿Que el gobierno de la “coalición republicana” haría lo mismo? Seguramente. La vergüenza, el asco y la calentura, aunque hoy, 3 de marzo, pensándolo mejor y releyendo el comunicado, pasé del enojo a la culpa.
Me sentí culpable, profundamente culpable, porque en su segundo término, el sensible comunicado de “profunda preocupación”, la dirige, siempre sin mencionarlos, a los respondidos: 14 bases militares yanquis en Asia Occidental destruidas (nunca había ocurrido, es noticia), el Lincoln de 12 mil millones de dólares destruido… (nunca se había dañado un portaaviones por ataque misilístico) entonces 65 años de sentido común construido desde el norte acudieron a mí y comprendí.
La tarde del 3 de marzo de 2026 no podía ser más bochornosa. No corría una gota de aire. La temperatura superó a las promediales del verano. Pudo haber sido por el calor entonces, pero lo cierto es que no sentí lo mismo que todas las anteriores veces que se habían puesto en víctimas.
Cuando se hizo atacar las torres gemelas, el 11 de septiembre de 2001, mi respuesta fue prepararme para las manifestaciones contra la escalada bélica en el mundo y particularmente en Asia Occidental. Todos sabíamos lo que había pasado cuando se autoatacó el Maine y cuando Pearl Harbor, incluso cuando se declaró “amenazado inusual y extraordinaria por Venezuela”, pero releyendo el comunicado del 2 de marzo, por primera vez, el Deep State, me hizo sentir culpable.
Sabía que siempre se había puesto en víctima para hacer temblar al mundo y que nunca lo atacaron en su territorio; o sea, siempre todos nos defendimos de él contraatacándolo en nuestras patrias. Pero esta vez sentí culpa por el mundo entero.
No le di bola a Benedetti: “todavía nos deben como un siglo de insomnios y garrote/ como tres mil kilómetros de injurias/ como veinte medallas a Somoza/ como una sola Guatemala muerta// Sentí mala conciencia. No es inocente haber enojado al monstruo y sus tizones cuando no puede ganar.
Ni le di bola al Che: “a los yanquis no hay que creerles ni un tantito así… nada”. Les creí. Creí que les están respondiendo y esta vez son víctimas de otros y de veras. Es más, que el Deep State es víctima de nosotros y de mi persona personalmente por las manifestaciones contra sus vasallos en que participé, sin darme cuenta de que las verdaderas víctimas, tal cual señala el gobierno de Orsi, son ellos.
No recuerdo si pensé primero en una Big Mac o en el pato Donald o en la botellita de 250 de Coca Cola, pero mi sensibilidad y misericordia se desbordaron. Subí a la azotea envuelto en una frazada térmica, tapado por entero con un grueso acolchado y al sol de este marzo inaugural hiper veraniego, bañado en sudor, me eché a llorar a mares sobre el piso de hormigón ardiente, aún más refractario del fuego del sol por la capa de membrana asfáltica impermeabilizante y lloré y lloré hasta caer desmayado, por la mísera situación geoestratégica del país de los doce portaviones menos uno.
Me dolió menos o más que la muerte de mis padres, de mis hijos y de todos los amores de la vida, más que ver Hiroshima Mon Amour, más que cuando me extrajeron la última muela del juicio y sufrí el último cólico nefrítico. La caída de USA sería la muerte de todo.
Al día siguiente empezamos a conocer las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz y volví a subir a la azotea para llorar y sudar agregando silicios a mi calvario. Inundé la azotea. “Por mi culpa, por mi grandísima culpa”, me golpeaba el pecho, la frente, los riñones, añorando a Rambo, a Jonh Wayne, a Rock Hudson, pensando en las bases militares que USA estaba evacuando en el extranjero, porque están en el extranjero y cada vez más definitivamente en el extranjero.
El comunicado esta vez no miente. Le están respondiendo. Le está respondiendo Irán. Le responde Yemen. Le responde Venezuela con sus negociaciones y cada yesca que se enciende durante los apagones en Cuba. Le responde el Petroyuan. Le responde el oro y que Tyson me perdone la comparación, pero Donald Trump está como él cuando empezó a perder todas las peleas y ya cualquiera le pegaba. Va a terminar respondiéndole hasta Haití. Y, por supuesto, le responden todos los pueblos árabes que Lubetkin nombró en el comunicado (pretendiéndolos a favor de Israel -¡qué esperanza!-), y salieron todos, toditos, a festejar masivamente, la destrucción de las bases yanquis en sus países.
El comunicado es sensible a “la ampliación de la escalada” pero omite por completo la escalada. Atribuye a “la situación” la muerte de niñas, omitiendo que fue en Irán, asesinadas por los ejércitos de Estados Unidos e Israel. Y denomina “medio oriente” a Asia Occidental-
Brindis por Saigón. ¿No lo vieron a Clark Kent?
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